Trabajas.
Cumples.
Resuelves.
Pero por dentro:
tu cabeza va demasiado rápido.
Saltas de una preocupación a otra.
Te cuesta desconectar.
Tu pareja nota que estás…
pero no estás.
Tus hijos te hablan y tu cabeza sigue en otra parte.
Y al final del día acabas agotada
sin entender por qué.
Muchas veces intentas compensarlo:
más trabajo
más distracción
más comida
más control
Y nada cambia de verdad.